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Fleet Foxes, el folk más moderno

Últimamente han llegado a mis oídos los Fleet Foxes, una banda estadounidense formada por Robin Pecknold y Skyper Skjelset, dos jóvenes estudiantes inspirados por familias vinculadas a la música, y dirigidos en su carrera musical por el talento de artistas como Bob Dylan o Neil Young. Se trata de una banda de indie-folk formada en el 2006, una de aquellas bandas que yo mismo habría criticado. Pero una cosa debe quedarnos clara aunque el indie no sea de mi agrado: cuando está bien hecho y es original, vale la pena, y el hecho de mezclarlo con ese toque folk le da un aire interesante. Me ha recordado desde Simon & Garfunkel -por las harmonías de sus voces y esas guitarras acústicas- hasta Porcupine Tree -en aquellos momentos más histéricos en los que todo parece volverse del revés- sobre todo en ese último single que presentan actualmente: Helplessness Blues, perteneciente a su último disco homónimo. En fin, una de esas propuestas musicales indies que mueven masas ahora mismo, y que normalmente me dedico a criticar negativamente, pero que esta vez me ha sorprendido gratamente.

Zeus Díaz Cid


Arizona Baby

Gràcies a la recomanació d’un amic ahir vaig descobrir una formació molt i molt autèntica: els Arizona Baby. Tot i que el seu nom pot fer pensar que vinguin del llunyà oest americà, són del proper Valladolid. Aquest trio d’artistes fan una barreja acústica de rock, country i folk amb regust anyenc. A Spotify podreu escoltar el seu àlbum Second to none i de ben segur que si us agraden les etiquetes que us he comentat, no tardareu en afegir-lo a la vostra llista de reproducció, als vostres favorits o destacats. Arizona Baby, tota una revelació.

Demà actuen a la sala Pasternak de Vic a les 23:00h.

Gràcies Guillem!

Miquel Cornellà

MMVV 09 – Jueves 17 y Viernes 18

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Jazz, etnias, funk, “hard-folk”, pop-rock, soul… parece increíble.

Ya ha empezado el Mercat de Música viva de Vic. Lo esperábamos como agua de mayo, como siempre. Entre unos y otros, podemos decir que casi hemos podido intercambiar impresiones sobre todos los artistas del Mercat.

En mi caso, estos dos primeros días de festival me he centrado más en la vertiente folk, por lo que he pasado mucho tiempo en la Plaça dels Màrtirs. No puedo decir que todo me haya gustado, pero sí puedo asegurar que de todo he aprendido. Ayer jueves disfruté de Sam Karpienia, una formación francesa compuesta por dos mandolas y un batería. Me sorprendieron mucho las mandolas distorsionadas y frenéticas con algunos riffs de lo más duro, combinadas con su sonido original folk, y sumadas a un batería que brillaba por su técnica y por su pegada. Destacaron los medios tonos y las afinaciones estridentes típicas de un folk llevado al extremo, llevado a lo más metal.

Una gran lección sobre nuevas tendencias.

En el mismo lugar, en la Plaça dels Màrtirs, disfruté también de otra formación llamada Oreka Tx, una mezcla de música étnica procedente de varios lugares del mundo, entre ellos, Mongolia y sus cantos jónicos, o el Sahara y esas voces tribales. De esta banda destaco lo que fue un descubrimiento para mi: la Txalaparta, un instrumento tradicional vasco compuesto por unos soportes, un aislante y unos tablones encima, que se golpean con cuatro palos de madera (dos cada txalapartari). Todo ello, mezclado y bien interpretado resultó dejar con la boca abierta a la mayoría de los que allí nos encontrábamos, ocupando aquella gran cantidad de sillas, aunque había gente por todos los rincones de la plaza.

El resto de la noche lo pasé junto a Miquel Cornellà, que ya nos ha hablado del resto de conciertos a los que asistimos, entre ellos Fundación Tony Manero, que acabó aburriéndome a pesar del buen funk. Al final, entre el gentío, la lluvia, y lo mucho que me costó amoldarme a la carpa de El Sucre, acabé en el showcase esperando ver alguna actuación interesante; pero me encontré con un personaje que pinchaba “pachangueo” y poca cosa más. Así despedí lo que fue un buen día de folk.

El viernes, más de lo mismo, empecé en la Plaça dels Màrtirs, escuchando un grupo que me había recomendado un buen conocedor del folk moderno. Al final, ambos quedamos algo decepcionados, no porque no nos gustase el concierto, sino porque también explotaron la Txalaparta, igual que ayer, pero con menos éxito, ellos eran precisamente Txala, unos catalanes que combinaban la Txalaparta como instrumento principal unido a otros muchos instrumentos, sobretodo percusiones. A continuación, actuaron los Drum Dreams, un grupo de percusionistas que me sorprendió por su colaboración con el público y porque se quedaron sin sonido y siguieron tocando. Así es, pasados los 45 minutos que tenían de concierto, las luces no se apagaron, pero el sonido sí. Menos mal que se trataba de percusión, y pudo apreciarse lo que tocaban. No sabemos si fue cosa de la organización o no, pero queda claro que en el Mercat hay que respetar los horarios asignados para cada grupo. No hacerlo, supone estar pisando el tiempo de otro artista. En fin, que los percusionistas eran espectaculares, pero me decepcionó la voz femenina. Me gustaron algunas canciones, pero en la mayoría encontré la voz desafinada o fuera de tono.

Después me dirigí al Sucre, donde aguanté poco más de media hora, ya que no me gustó mucho la actuación de Tomasito ni la de El Tío Carlos, pero la razón principal es que me agobia tanta gente, y no entiendo bien lo que suena en el Sucre. Me cuesta diferenciar los instrumentos y no oigo bien las letras… ayer no tenía un buen día y fui bastante intransigente, debo reconocerlo. Seguro que fueron buenos conciertos. Así acabó mi segundo día de MMVV. A ver qué nos espera hoy.

Zeus Díaz Cid


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